Vivencias de mi padre, Dr. James Lindsay Estupiñán, durante la Invasión a Panamá en 1989

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Vivencias de mi padre, Dr. James Lindsay Estupiñán, durante la Invasión a Panamá en 1989

Papá, ¿en qué momento te diste cuenta que invadieron Panamá?

Bueno, eran las 3:00 a. m. cuando escuchamos los helicópteros dando vueltas por todas partes; esto nos impresionó porque pensamos: “¿Qué sucedía?”. Resultó ser una situación increíble, ya que nunca antes en la historia de Panamá habíamos escuchado tantas naves aéreas volando a la vez en nuestro cielo.

En esos días, yo vivía en Las Cumbres y, de pronto, escuchamos unas explosiones parecidas a bombitas “puf puf puf”. Esto nos confirmó que algo estaba sucediendo. Luego, los vecinos gritaban:“¡Están invadiendo Panamá, están invadiendo Panamá!”.

Nosotros, en ese momento, no sabíamos, ¿por qué se estaba dando una invasión armada o quién nos estaba invadiendo?; por precaución dormimos debajo de la cama, pues se fue la luz eléctrica; después, tu tía Ivonne, tu abuela y tu tía Lucy, que en ese entonces estaba pequeña, se asustaron porque yo tenía solo 16 años y tu abuelo estaba en un viaje de trabajo en Estados Unidos.

Más tarde, pero aún de madrugada, salimos de la casa y vimos como todos los vecinos estaban en la calle. Lo que más llamó mi atención fueron unas luces que parecían de bengala. Algunos decían que provenían del cuartel de Tinajitas. Nosotros las veíamos porque en Las Cumbres se ve todo lo que está pasando a la distancia, por su altura.

De repente, sentimos una algarabía; un carro lleno de armas había sido abandonado por los “Batallones de la dignidad”. En el barrio teníamos a varios “Rambos”, pues eran exmilitares y otros habían combatido en la guerrilla nicaragüense, con los sandinistas. Todos teníamos miedo porque éramos civilistas 100% y nos oponíamos al régimen de Noriega; tocábamos pailas todas las tardes; nos poníamos pañuelos blancos en la cabeza y estábamos señalados por los organismos de seguridad, así que los vecinos nos armamos y hacíamos guardia para proteger nuestras residencias.

Si se armaron, ¿quién o quiénes le suministraron las armas?

El principal proveedor era una persona a la que llamábamos “Bomba”, porque él estuvo peleando en Nicaragua. Tenía una AK-47 modificada con 20 surtidoras de 36 balas de calibre 45, de tipo explosivas; cuatro granadas de fragmentación y diversos tipos de pistolas. También estaba Coto, el hijo de Elena. Nos sentíamos seguros, pues diez personas nos resguardaban.

Los  gringos no habían llegado hasta nuestro sector porque Las Cumbres era un lugar tranquilo. Hacia el jueves 21 empezó el gran incendio en El Chorrillo,  vimos cómo se pulverizaban todas las casas. Se convertían en cenizas, porque eran viejas barracas de madera; casas condenadas donde sólo existía pobreza y hambre. Algunas personas dicen que fueron los batallones de la dignidad quienes iniciaron el fuego, aunque hoy sabemos que fue allí donde el ejército estadounidense probó sus armas más sofisticadas, las mismas que luego utilizarían en el Medio Oriente, así que otros dijeron que fue una de las detonaciones de las bombas la que prendió todo.

El día 21 había saqueos, ¿no?; ¿cómo usted vivió eso?

El día 21 también empezaron los saqueos, pues no había comida, no había agua en ninguna parte y en la barriada llegaron los “maleantes”(delincuentes) y abrieron un supermercado, propiedad de un chino, que estaba abandonado; pero el más saqueado fue el Supermercado Polo, porque estábamos en Navidad y estaba repleto de pavos y jamones. La gente rompió las puertas y sacaron todo lo que encontraron dentro.

Mi hermana Ivonne se escapó, sin que mi mamá lo supiera, y casi muere por desobediente. Murió el hijo de la maestra Adelina, al que le dieron un disparo en la cabeza;  también, murió Jorge que se electrocutó intentando robarse una nevera repleta de pavos.

El 22 llegaron los gringos, con un carro tipo Hummer armado hasta los dientes, y patrullaron todo. Venían ocasionalmente y estuvieron realizando sus rondas de vigilancia hasta el 6 de enero.

La situación se estabilizó para el 24 de diciembre y el 25 fue Navidad. La pasamos en familia y, a nuestro modo, hicimos fiesta los que no tuvimos decesos en la familia.

¿Cómo fue en Colón? ¿Escuchó algo sobre lo que ocurrió allá?

Sí, todo fue distinto en Colón, pues tenemos mucha familia allá y realmente estábamos preocupados por ellos. El ejército estadounidense sobrevoló la ciudad y dio una alerta de bomba sobre el edificio de quince pisos que hay en la ciudad. Luego, lanzaron dos Tomahawk y derribaron parte de ese edificio. Mucha gente murió allí.

Se cuenta que los militares repartieron armas para que los ciudadanos se defendieran y todos estaban armados. Un tío me contó que en el [Hospital] Amador Guerrero tenían una pila de muertos. Eran, quizás, unos 75. Como no había espacio en la morgue para tanta gente, los colocaron en un contenedor refrigerado.  Se realizaban muchas cirugías, pero, como no había suficientes cirujanos, fue complicado hacerlas y los médicos tenían que elegir entre quién vivía y quién no.

¿Cómo hacían para escoger quién vive y quién no?

Se escogían a los pacientes por códigos. Si el herido estaba muy grave, le ponían una banda negra. Mientras tanto, operaban a las personas que tenían mayores probabilidades de vivir. Usualmente, fallecían los más graves, pues no había sangre para transfundir y se exanguinaban.

Recuerda que era una guerra y usaban fusiles M-16, AK-47 o fusiles de asalto, y un solo balazo les podía amputar un brazo o una pierna. Todo Colón estaba “prendido”, los ánimos caldeados, como enardecidos, y el palenque estaba revuelto.

Los datos oficiales que manejamos nosotros es que hubo casi 3000 muertos en Panamá y 300 muertos por parte del ejército norteamericano, aunque ellos dicen que sólo murieron soldados. La mayoría de los caídos se dieron en: Colón, Río Hato, Panamá Viejo y el Cuartel Central, en El Chorrillo.

Estábamos al final de una etapa de crisis económica, así que empezar a recuperarnos parecía difícil. Ahora, estábamos bajo el mando del presidente Guillermo Endara Galimany, y de los vicepresidentes Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford Boyd, a quien la gente llamaba, popularmente, “Gallo Ronco”. Ellos empezaron a desarrollar el país y restablecieron la economía. Nosotros nos comenzamos a recuperar  en el año 1990.

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James Lindsay
James Lindsay
Hola, mi nombre es James Lindsay, tengo 15 años y curso de Décimo Grado del Bachiller en Ciencias del Colegio Saint Anthony School. Tengo hobbies un poco peculiares como el de investigar, leer, entrenar MMA y la jardinería. Durante mi participación en el Proyecto #500Historias, quise más que todo mostrar la otra cara de la moneda, en un evento muy doloroso para muchos, como lo fue la Invasión de 1989, esta historia la quise presentar desde los ojos de mi padre, un adolescente de clase baja, que cuenta los sucesos de este evento desde el punto de vista del pueblo panameño, obviamente el resultado de esta historia fue conmovedor para alguien muy importante en mi familia.